Entrevista a Javier Quintá, miembro fundador de la editorial Bardos

Tema: problemáticas y desafíos de las editoriales independientes en relación con las nuevas inteligencias artificiales. El interés por la lectura en 2024.

Entrevista a Javier Quintá, miembro fundador de la editorial Bardos:

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x- ¿Cómo definirías el concepto de “editorial independiente”?

J - Primero hay que delimitar algunas cuestiones. Un tema es el de distribuciones, a dónde llega el libro, cómo se hace para que esa distribución sea más extensa. Si relacionamos la distribución a la cercanía con el lector, considero que la editorial independiente no se acerca al lector, produce pocos libros, entonces llega a pocos lectores. Los canales de distribución son ferias y eventos en donde el editor tiene que llevar el libro. Es más artesanal en relación al vínculo que tenés con el autor, es más cercano a comparación de editoriales más grandes que lideran en Argentina. Tienen acceso a premios, a compras de la nación, a las bibliotecas, son más comerciales. Me parece que también “independiente” significa serlo del mercado. No hay un interés regido por una moda, sino ganas de pensar en un catálogo según los gustos literarios y lo que uno define como “literatura”. 

La independencia es una línea delgada. En Córdoba está la editorial Caballo Negro que se sigue diciendo independiente, pero es una editorial que llega a toda la Argentina y se distribuye bien. “Independiente” es como una especie de etiqueta que se le pone a este compromiso con la literatura, con editar en un lugar mucho más humanizado y no tan industrializado. 

Hay autores comerciales que nos llevan nuevamente a la discusión de qué es la literatura, sobre todo si trabajamos en el campo editorial de la escuela, donde constantemente las editoriales quieren insertarse porque saben que producen ventas. Hay comparaciones de autores comerciales que imponen el mercado y los docentes nos apoyamos sobre esto para que los chicos lean, en contraposición de autores independientes que trabajan distinto el lenguaje y la estética. 

x- Otra pregunta relacionada a los desafíos que enfrentan las editoriales independientes es: ¿cómo se relacionan con las nuevas tecnologías y con las inteligencias artificiales? Respecto a que una inteligencia artificial te puede corregir un texto y están más avanzadas. 

J- Bardos, nuestra editorial, tiene una intención y un objetivo digital. Editamos en papel y buscamos un trabajo artesanal. Para mí, el libro es una pieza de museo. La forma de libro que va a permanecer es un trabajo con el libro como un producto estético y como una experiencia en ese formato papel, que hoy en día es un aparato de lujo. Por eso, vamos a imprimir libros que estén buenos, que el contenido, lo que se publica y el autor tengan una ética con lo que escribe, un compromiso con este trabajo. Todavía no tenemos definido, en Argentina, la comercialización de los e-books. Es muy difícil comercializar y monetizar esto para una editorial, está muy limitado. 

Respecto a la inteligencia artificial, considero que funciona como herramienta, pero no reemplaza ningún proceso. Para mí, el trabajo del libro y de la literatura es humano, y va a ser siempre humano. La inteligencia artificial no va a cambiar eso. Lo que sí hace es acelerar y facilitar procesos. 

También está en el uso de la publicidad, la promoción del libro, el uso de redes sociales, por supuesto. Nuestra editorial tiene también otra parte que son los cursos. Bardos es un ecosistema donde el libro es un elemento más, un objeto preciado. Todo gira en torno a la poesía y a la literatura. Estos cursos tienen que ver con la poesía y narrativas múltiples, pensando además en la digitalización del proceso. Tenemos también los ciclos, que son clubes de lectura y también la tienda virtual en donde se venden libros de todas las editoriales. Acá aparece de nuevo el concepto de distribución, quizá te conviene más ir a comprar libros a una librería y no pedirlos, por temas de transporte. 

x- ¿Qué desafíos enfrentan las editoriales independientes respecto a la competencia con editoriales más grandes que son más elegidas y con otras editoriales también denominadas independientes? 

J- Los desafíos de las editoriales independientes son los costos. Para una editorial chica, los costos siempre son más altos, en relación con una editorial grande que imprime mucho más. En términos de equipo, también. Cantidad de gente, acceso a tecnologías como herramientas digitales que son hermosas, pero costosas. 

Otro desafío tiene que ver con encontrar autores, ya que ellos están siendo conscientes de su trabajo y están eligiendo con quién sí y no editar. Las editoriales independientes también tienen que sostener un catálogo que necesita organización y proyección, apoyado por un equipo y un respaldo económico. Las editoriales deberían poder planificar a un plazo de dos años. Nosotros, por ejemplo, ahora estamos armando una colección de novela negra y esto lleva una organización. 

Bardos empezó publicando poesía y nuestra búsqueda fue la relación del paisaje y el lenguaje; naturaleza poética. Este es un gran desafío para las editoriales independientes, proyectarse más allá de dos días. Por último, el desafío más grande es la distribución entre Córdoba, Buenos Aires y Rosario. Para hacer esto necesitás al menos 1000 ejemplares. No es fácil sostener eso. Este desafío se agrava más a nivel nacional, ya que las grandes distribuciones solo las hacen las editoriales grandes y es un espacio al que es imposible entrar para las editoriales independientes. Las grandes editoriales no se sostienen solamente por ser editoriales, se sostienen porque también son medios de comunicación y poseen el capital. Ahí retoma vuelo el concepto de editorial independiente, la cual siempre tiene el objetivo y sueño de llegar a más lectores.

x- Respecto a esto que comentás sobre llegar a más lectores, ¿qué medios utilizan para poder hacerlo? Teniendo en cuenta que estamos en una época donde muchas personas leen digital, o directamente no leen.

J- En nuestra editorial solo vendemos libros en papel, no comercializamos e-book, es muy difícil que alguien pague por uno. Para mí, el trabajo promocional en redes sociales no sirve para llegar a más lectores. La forma de llegar al lector es publicando buenos libros, no solamente en calidad, sino buenas historias. En la poesía, igual. En este sentido, no ha cambiado mucho. El trabajo de la editorial es acompañar al autor, a sus historias y facilitarle esa llegada al lector. 

Nosotros todavía no comercializamos los libros en digital, pero nos parece que hacia eso van las nuevas literaturas. Volvemos al tema de la experiencia, esa experiencia va a ser algo que valga la pena pagar. El libro como objeto tiene todavía esa experiencia. Con las lecturas digitales eso es muy difícil de sostener, son más mecánicas, más de estudio. No es la misma experiencia. Por supuesto que no podemos luchar con el libro digital, pero debemos ver las formas y las estructuras a las que se pueden adaptar. Los podcast y los audiolibros sí nos parece que son un formato que se va a instalar. 

x- ¿Y a estos elementos los tomás como posibilidades para hacer algo mejor o como riesgos? ¿Qué riesgos consideras que pueden haber a partir de esto? 

J- Todo es potencia. El libro papel se potencia con el podcast, el podcast se potencia con el curso. El curso que dictás y donde citás a un lector hace que la gente luego vaya y compre este libro, las fotocopias y los PDF también. Potenciás los trabajos individuales. Entendemos lo que la gente busca, lo usamos como herramienta, pero a partir de esto hay que darles algo mejor, que esté bueno. El tiempo y el trabajo de escribir es muy costoso y estamos en una sociedad en la que nadie quiere hacerlo, donde nos presionan para conseguir dinero. 

Estoy un poco en contra de esa mirada de lector que escribe por escribir. Creo que el trabajo del autor debe ser reconocido y protegido por derechos de autor. 

Todo potencia a los textos y a los autores, pero el mercado del libro es distinto, es mucho más precario y se le debe pagar a los autores lo que les corresponde. En el caso de los libros, los que ganan son las grandes editoriales y los autores que tienen traducciones y muchos ejemplares. En este sentido, todo está muy difícil, desigual y monopolizado, con un mercado concentrado. El campo editorial argentino está muy concentrado, es Penguin y nada más. 

x- ¿Cómo definirías “concentrado”? 

J- Tienen todos los recursos, canales de distribución, canales de venta. Son los dueños de las librerías, los dueños de canales de distribución, porque son ellos los que distribuyen. Si vos querés distribuir, tenés que negociar con ellos. Son los dueños de los medios de comunicación, los diarios. ¿Cuántas notas le dedican a las editoriales independientes? Prácticamente ninguna. 

Una pregunta que hay que hacerse también es por qué compramos libros en editoriales más grandes. Porque nos gusta y porque son buenos, así que, ¿qué nos ofrece el campo de las editoriales independientes? ¿Cuáles son los libros que vale la pena leer y que están buenos? También hay autores que empezaron publicando en editoriales independientes y pasaron a publicar en editoriales más grandes, si las editoriales independientes aspiran a competir a ese nivel, van a perder. Tienen que lograr construir un catálogo en el que los autores que se publican ahí no estén en otro lado, porque hay intereses distintos, intereses estéticos, políticos, ideológicos.  

Otro tema también para hablar es que hay muy pocos autores que viven de sus libros, entonces, ¿por qué se siguen escribiendo libros? ¿Qué expectativas tienen? ¿Qué esperanzas tienen? 

x- Como última pregunta, ¿por qué creés que sucede esto? ¿Por intereses de los lectores o por cuestiones económicas? 

J- Porque el mercado tiene ciertas reglas. Los escritores que llegan son ciertos escritores. Estar en Buenos Aires y estar en Córdoba tiene mucho que ver. La cuestión espacial, también. Los lectores leen, pero está cambiando el dispositivo de lectura y estamos viendo esa transición. El libro está viendo esa transición y se tiene que acomodar. Ahora se lee en otras formas, no es la experiencia de la literatura y de encontrarte con el lenguaje y las palabras. Además, han cambiado los lectores y esa es una preocupación, hacia dónde van los lectores, qué quieren leer. A Borges le hicieron esta pregunta y él dijo que, para saber cómo va a ser la literatura en un futuro, debemos saber cómo va a ser el dispositivo de lectura de un futuro. El modo de lectura de un dispositivo digital es muy distinto al modo de lectura de un dispositivo libro. Es mucho más disperso y aleatorio, pero es más rápido, una experiencia más liviana. Estamos en una sociedad en la que el espacio de lectura es muy pequeño y hasta incluso interrumpido por otros factores. 

Volviendo a la distribución, ¿cómo puede ser que Argentina no facilite la distribución? Acá en Argentina el libro es un lujo y el Estado obligatoriamente debería proveerlos para que la gente pueda leer. El Estado no contribuye a eso y no lo valora, no hay espacios de lectura y de silencio, y todo conspira para que no sea así, las condiciones materiales no están hechas para los lectores. 

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